biofilia
12
Dic

Cómo la Biofilia es capaz de mejorar nuestras vidas

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En post anteriores avanzamos la aparición en nuestro blog de conceptos científicos clave para el desarrollo del Paisajismo Asistencial o la Jardinería Terapéutica y, es por ello, que hoy queremos introducir la noción de ‘Biofilia’ como eje cardinal en las investigaciones sobre los beneficios de la naturaleza para el bienestar físico y psicológico del individuo.

El primero en usar el término ‘Biofilia’ fue Erich Fromm desde el ámbito de la psicología, sin embargo fue un biólogo de Harvard, Edward O. Wilson, quien desarrolló el concepto de que las personas estamos irremediablemente vinculadas a la naturaleza y que este contacto es esencial para un desarrollo psicológico y físico a plenitud. En 1984 Wilson publicaría la primera disertación sobre esta idea fundada sobre la base de que más del 99 por ciento de la historia de la humanidad transcurrió en estrecha vinculación con la naturaleza, donde la vida organizada a través de la caza y la recolección nos convirtió en seres biocéntricos. El pequeño porcentaje restante –menos del 1 por ciento-, equivale a la vida tal y como la conocemos hoy en día, regida por la producción a gran escala y la coexistencia en medio de entornos urbanizados, con poca o ninguna presencia natural.

Esos millones de años durante los cuales el homo sapiens se conectó de manera tan dinámica y profunda con su entorno, definieron según Wilson, que las personas tengamos una necesidad imperiosa de estar en contacto con el resto de los seres vivos, ya sean plantas o bien animales.
Nuestro proceso de evolución habría marcado para siempre sentimientos positivos y emociones ligados al paisaje, la vida natural y la experimentación de la misma. Parece lógico, ¿no?

Aún así, Wilson acude a una magnífica analogía para disipar cualquier duda que pueda quedarnos sobre esta enorme influencia, y lo hace usando el concepto antónimo de la Biofilia, la Biofobia, o el miedo enfermizo a establecer contacto con ciertos elementos de la naturaleza. Wilson describe como prácticamente en cualquier región del globo existen casos de pacientes tratados en los departamentos de psiquiatría con un miedo obsesivo hacia las serpientes venenosas, muy a pesar de que en su contexto habitual sea casi imposible encontrarse con uno de estos ejemplares. Así, a pesar de vivir en grandes urbes, muchos de nosotros somos genéticamente adversos a las serpientes, reaccionando instintivamente de manera repulsiva ante ellas, incluso si nunca hemos visto alguna en su medio natural.
Ese instinto de supervivencia nos fue implantado tras miles de años de vida en entornos naturales, y esto es especialmente relevante si consideramos que raramente en nuestros hospitales actuales encontramos casos de fobias colectivas ante elementos como motosierras, pistolas, cables eléctricos, u otros dispositivos verdaderamente peligrosos, que forman parte de nuestro día a día y que son estadísticamente los causantes de más lesiones y accidentes cotidianos. Esto se debe a que como especie, nuestro conocimiento sobre una motosierra es absolutamente reciente, mientras que las serpientes han formado parte de nuestro haber desde el inicio de la humanidad.

De la misma manera, Wilson explica nuestra necesidad o dependencia de la naturaleza ¡La tenemos tatuada en nuestro ADN desde que nuestros primeros ancestros comenzaron a dar tumbos por el mundo! Y es así como muchas de las más importantes dolencias de nuestros tiempos podrían tener que ver con un grandísimo déficit ante aquella naturaleza que nuestros antecesores experimentarían de manera cotidiana y extensivamente.
¡Déficit de naturaleza! Ese es uno de los hallazgos recientes más increíbles que han realizado los científicos para explicar el incremento de ciertos padecimientos. Un estudio realizado por la Universidad de Illinois en el año 2003 constató que la persona promedio pasaba 327 horas más por año usando artilugios electrónicos de entretenimiento que en 1987, lo que ayudaba a explicar el gran declive de visitas que habían experimentado los parques naturales norteamericanos.

La teoría de la Biofilia aun cobra más relevancia al entender que cada vez estamos menos expuestos a nuestro verdadero hábitat ancestral e instintivo. Además de aversión a las serpientes, la humanidad desarrolló en paralelo una fascinación extraordinaria ante ellas. Las serpientes forman parte de historias mitológicas, aparecen en imágenes religiosas, en metáforas y se ha construido un fuerte simbolismo de poder y fuerza en torno a ellas. Esto se
debe a que, al igual que como sucede a nuestros parientes más cercanos, los simios, el temor y la fascinación ante elementos naturales forman parte de lo que algunos denominan sintonía biológica. El miedo y la fascinación se han integrado en nuestros procesos de desarrollo a través de la evolución para instaurar una ventaja competitiva. Al enfocarnos en la vida y sus procesos obtenemos una consecuencia de provecho: si cuidamos y nos mantenemos cerca de la naturaleza, la naturaleza cuidará también de nosotros. Este es el principal motivo por el que la Jardinería Terapéutica está popularizándose cada vez más, tras la certeza absoluta de que estamos biológicamente condicionados para la exposición a la naturaleza y que, además, sin este contacto nuestra salud puede llegar a deteriorarse y nuestra calidad de vida decrecerá significativamente.

¿A que ahora es más fácil comprender ese sentimiento de bienestar que nos inyecta la vida natural? ¡El próximo paso es incrementar el tiempo que pasamos al aire libre, en contacto con la vegetación y la fauna silvestre!
En próximas publicaciones hablaremos sobre otras importantes teorías científicas que avalan la creación y utilización de Jardines Terapéuticos como herramienta beneficiosa ¡No te las pierdas!

La voz de Simbiotia


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